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La princesa y el Hombre: El puente de estrellas

En una época donde los dioses reinaban, una princesa vivía en los resplandores del cielo, tan famosa como su actitud trabajadora y su belleza.
Hanna vivía con una constante rutina diaria, le gustaba hacer sus labores y era una buena tejedora y jardinera. Sembraba miles de semillas en su jardín, de donde ellos nacían miles de bebes, como regalo del fruto de amor de cada pareja humana.
Aunque nunca se quejaba, y era muy leal a sus pasatiempos reales, tenía una inmensa tristeza, ya que nunca se había enamorado.
Pero un día, Hanna decide lavar sus telas ya tejidas.
Ese día, Un pastor que iba caminando hacia su hogar se encontró con esa hermosa joven cerca de la orilla del rio. Los dos fijaron su mirada hasta que el hombre entabla una conversación con ella, y se quedaron charlando por varias horas. La princesa le pide a su padre poder casarse con el humano, y aunque era una situación difícil, ya que no era común que los dioses y los humanos se mezclaran. El rey del cielo, consintiendo a su hija, decide que se case con el hombre.
Todo iba bien para la pareja bendecida por todos, hasta que una vez casados, la princesa comenzó a descuidar sus tareas reales; dejo de tejer, y también había dejado de sembrar semillas en su jardín y debido a eso, muchas mujeres no tenían hijos. Furioso, el padre de Hanna decide separar a los amantes, impidiendo que se vieran. El rey se lleva a su hija de vuelta al reino del cielo, y para impedir que hanna vuelva al mundo humano, traza un rio. La princesa estuvo en su estado más triste, con el paso del tiempo no se atrevía a sonreír y hacia sus actividades con mala gana. Ella estaba desesperada por no tener a su marido al lado, y rogaba a su padre el poder verse una vez más. Su padre, conmovido por sus lágrimas, y una vez más, consintiéndola, accede a su propuesta, pero con una condición: que se vieran el último día del último mes del año, a condición de que ella terminara todos sus trabajos reales.
Hanna estaba muy feliz por poder ver a su amado otra vez, pero la primera vez que intentaron verse se dieron cuenta de que no podían cruzar el río, dado que no había puente alguno. La pareja, cada uno en su orilla del rio, anhelaban tanto verse pero la desgracia había llegado a ellos. El hombre ya no tenía fe alguna en poder encontrarse con su mujer, y piensa en decidir la dolorosa decisión de marcharse y darle un último adiós a su amada. Hanna, ante esto, lloró tanto que de su llanto atraía a los dioses de las estrellas que estaban cerca del lugar, y compadeciéndose de ella, deciden enviarle miles de estrellas para que formaran un puente y pudiera cruzar el rio. Ambos amantes se reunieron finalmente y los dioses de las estrellas prometieron venir todos los años siempre y cuando no lloviera.
Cada año, los amantes se propusieron a reunirse, pero sin embargo, si llovía en el momento del encuentro, los dos tenían que esperar hasta el próximo año.
Y es así, que la gente del pueblo sabía que cada vez que la noche del último día del mes de cada año del calendario abundaban las estrellas en el cielo, la princesa y el hombre se reencontraban.


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